El maestro Luis Fernando Peláez tiene abierta al público la exposición Cae la lluvia en la Galería de La Oficina, ubicada en El Poblado.
Decía García Márquez, refiriéndose al altiplano, que allí caía una misma lluvia desde el siglo XVI. Por otro lado, “Borges hablaba de que la lluvia es algo que sucede en el pasado”. Esas temporalidades “dan una oportunidad para renovar esa idea de la lluvia, pero sin tiempo” y es eso precisamente lo que el maestro Luis Fernando Peláez, arquitecto y artista plástico, propone en su exposición Cae la lluvia.
Para él, “existe un espacio donde llega la lluvia”, pero, se pregunta él mismo, “¿en qué espacio y cuál lluvia?, ¿será una llovizna, una lluvia pasajera o algo que inunda todo el horizonte?”, y responde: “cada uno de esos aspectos me interesan. Creo entonces que esta lluvia que cae en la Galería de La Oficina nos permite hacer como un ejercicio de recoger la memoria, porque la memoria como la lluvia es inasible y cómo puede dar el arte cuenta de lo inasible, eso es lo que he perseguido con estas piezas, con esta intervención, espero que todo este temporal caiga sobre la atmosfera que aquí resulta”.
El tema de la lluvia ha sido recurrente en su obra “desde hace bastante tiempo”. Hubo, hace unos años, una muestra en el Museo de Antioquia, que se llamaba Lluvia, pero antes de eso he venido trabajando con zonas donde el agua cae, penetra, se derrama y en este momento aparece la idea de la lluvia que cae, es ese tiempo el que me interesa subrayar en cada una de estas piezas”.
Si se mira esta exposición en la Galería de La Oficina cuestionando por la técnica, el visitante puede pensar que es una instalación, porque Peláez propone una serie de objetos que conversan con la arquitectura propia del lugar. Pero no, antes que eso, lo que hay es ese rasgo de arquitecto que el creador no deja, porque “uno no deja de ser nada lo que ha sido”. Le interesa mucho “la arquitectura como soporte, como referente, como historia”.
Peláez, según el curador Alberto Sierra, director de la Galería, “es un personaje que lleva al extremo la nostalgia, los instantes de vida, siempre ha hablado de que hay momentos, emociones, momentos de emoción que para él son, en muchos casos, las despedidas, los ferrocarriles, los mares, los postes, una especie de inmensidad lograr, donde la sensación, sea de frio o de viento, la está dando”.
Además de creaciones recientes, de los últimos dos años, Peláez revivió para esta muestra su cuadro Domingo a mediodía, un ensamble de gran formato “que recogí, una obra de los años 90, va para 30 años y al incluirla con estas piezas recientes sale de su pasado y activa un presente que yo a veces pienso que puede ser un futuro. Aunque van por caminos distintos, llevan una coherencia, un mismo derrotero”.
Está convencido de que su obra “es el proceso”, por eso “el proceso no lo entiendo como un medio para buscar un fin, sino como un medio que está a medio camino. Prefiero eso que se va dando a medida que vamos avanzando, recorriendo mejor. Esta obra ha sido un recorrido por mares, horizontes, geografías, hay mucho territorio explorado y por explorarse”, concluyó.