Colectivos sociales hicieron un llamado a la sociedad medellinense para generar reflexiones y trabajar para que el valor de la vida sea inviolable y no volver a un pasado que dejó heridas abiertas.
Varios colectivos que venían luchando por la desnaturalización del homicidio y el valor de la vida en la ciudad tuvieron una cita con el Festival Instinto de Vida, en el cual se realizaron varias actividades artísticas y culturales el pasado sábado, con el objetivo de generar un espacio de acogida a las familias de víctimas de asesinatos y con varias personas con sensibilidad social.
Sin embargo, la jornada se vio interrumpida cuando un hombre, entre los 20 y 25 años, corrió hacia el Cementerio San Lorenzo para refugiarse, y otras personas con armas blancas que lo perseguían le causaron tres heridas mortales. Pese a que fue trasladado a la Clínica Sagrado Corazón, el joven falleció.
Tal paradoja, de que un hecho como ese sucediera en un evento en el que se combatía lo ocurrido en este escenario, fue calificado como algo muy fuerte y simbólico por los activistas de la ciudad, quienes manifestaron a EL MUNDO que estos hechos muestran que su trabajo no ha sido suficiente, pero lejos de llevarlos a desfallecer, los hace plantearse más reflexiones y luchar de manera más ardua para reconstruir el tejido social en Medellín y no regresar al pasado que mantiene heridas que todavía no se han curado.
Para Maira Duque, del colectivo No Matarás, “estas son las contradicciones que tiene Medellín y se reiteran una y otra vez en diferentes circunstancias. No Copio y Casa de las Estrategias venían haciendo un trabajo muy juicioso para este Festival, acompañando a familias de personas que están en riesgo de ser asesinadas o ya lo fueron; y que se haya dado esta situación es muy paradójico”.
“Hay un sentimiento de tristeza y desasosiego. No sólo se trata de la muerte de esa persona sino que en un lugar lleno de gente, los asesinos no tuvieron los escrúpulos e hicieron eso frente a niños, abuelos, papás y mamás. Aún no lo hemos logrado asumir y como colectivo vamos a sacar un comunicado sobre el suceso”, expresó Duque.
Para esta activista, Medellín ha tenido una mejora importante en temas de seguridad, en la construcción de capacidades institucionales y sociales, pero no se puede pensar que la tarea está hecha y se debe trabajar mucho más. Sobre esto, informó que el este lunes, desde el mediodía, realizarán un ritual por la vida en el Parque Biblioteca San Javier.
Por su parte, para Juan Mosquera, otro de los activistas que apoyó el Festival Instinto de Vida, este hecho fue muy simbólico porque si se hubiera generado a una cuadra del cementerio San Lorenzo, nadie lo habría notado por lo naturalizada que está la violencia.
“Este joven viene huyendo de unas personas, ve un tumulto de gente e intenta resguardarse. Eso es un reflejo de lo que sucede a diario: siempre buscamos algo que nos brinde seguridad. Por eso necesitamos protegernos entre todos, abrazarnos y estar atentos a todos los que nos rodean”, opinó.
A pesar de que no pudieron salvar la vida del joven, Mosquera aseguró que esto dio más fuerza a los colectivos, pese a la conmoción que les generó,“para seguir luchando y con más ánimo para reafirmar que toda vida es sagrada, ya que renunciar a esto sería entregarnos al miedo y creo que no estamos dispuestos a cederle espacio a ese sentimiento”.
“Necesitamos seguir generando iniciativas ciudadanas como el protocolo de Nada Justifica El Homicidio; con el que logramos que las personas víctimas de amenazas de muerte puedan ser protegidas. La seguridad no va a llegar porque un helicóptero nos sobrevuele, sino con el hecho de que los jóvenes tengan oportunidades que los alejen de la necesidad de tener un cuchillo en la mano. No podemos perder el camino que la ciudad había ganado durante casi dos décadas”, acotó.
Lukas Jaramillo, líder de No Copio y co-coordinador de Instinto de Vida en Colombia, lamentó lo sucedido durante el Festival y expresó que pese a la muerte del joven, encontró una red que trató de salvar su vida y si no hubiera estado en este lugar, podría haber una mayor impunidad.
“Lo que hacemos en la ciudad aún es poco e insuficiente ante la magnitud del problema, no porque las organizaciones sociales lo hagan mal o por falta de convicción, sino porque tenemos una clase política pésima, una institucionalidad tal vez rota y una necesidad de más colectivos trabajando con esta bandera. Necesitamos un cambio cultural que toque a todos los pobladores de la ciudad, para que no necesite que la víctima del homicidio sea alguien cercano o sea testigo de este para que le duela”, agregó.
Para Fernando Mesa, coordinador Redepaz en Antioquia, “la vida se ha vuelto un derecho pisoteado y poco valorado. Falta trabajo de las organizaciones del Estado y de las sociales, porque la solución a este problema es un asunto de corresponsabilidad.
Esta situación fue un llamado de atención que nos hace entender que la vida está pasando a un segundo plano. Es un golpe muy duro, pero también una señal de que debemos seguir trabajando más hacia este objetivo y encontrar la unión con el otro; con el Gobierno municipal y entre los colectivos para que movamos ‘la carreta de la vida’ hacia el mismo lado”, acotó.