Como se me hace similar este síndrome de Munchhausen por poder con la inducción manipuladora a que nos someten los políticos en “modo electoral”
El síndrome de Munchhausen tomó su nombre del Barón de Münchhausen, un mitómano militar alemán que refería entre sus falsos positivos haber salido de un pantano jalándose de su propia cabellera y haber cabalgado en una bala de cañon. Se trata de una enfermedad rara reconocida por la ciencia como Transtorno facticio, en el que este término alude a lo que es artificial. La enfermedad, cuyo nombre hace honor al fabulador de marras, se caracteriza porque el paciente falsifica o produce síntomas físicos o sicológicos asumiendo el papel de enfermo. Aunque es parecida a la hipocondría solo comparte con ésta la exageración de dolores imaginarios en un cuadro clínico de estrés o de transtorno de la personalidad.
Existen dos modalidades del síndrome. Una es el transtorno facticio aplicado a si mismo y otra aquella en la que se falsifican o se producen síntomas en una persona pero inducidos por otra. A esta segunda modalidad se le define como “síndrome de Munchhausen por poder”, puesto que una persona, generalmente un cuidandero, produce o falsifica síntomas de enfermedades físicas o sicológicas en otra persona, generalmente un niño, por lo que también raya con el maltrato infantil.
Casi sobra decir que, para crear y hacer creible la simulación, el cuidandero victimario necesita una gran habilidad y el paciente víctima un cuidadoso entrenamiento que se ponen a prueba yendo de clínica en clínica como de “shopping” y usando como dinero la simulación, cuyo éxito radica en la paradójica mezcla entre una patética y auténtica claridad en los síntomas simulados y un cuadro clínico difuso. La congestión y la confusión en los sistemas de salud hacen el resto.
Como se me hace similar este síndrome de Munchhausen por poder con la inducción manipuladora a que nos someten los políticos en “modo electoral” -que es una especie de trance o de transtorno-, quiero llamar la atención sobre lo que, según las investigaciones sobre la enfermedad, suele realizar quien la induce, es decir el cuidador: añadir sangre a la orina o heces de la víctima, privarla de alimento para aparentar que no puede aumentar de peso, calentar los termómetros para simular fiebre, inventar o manipular resultados de pruebas de laboratorio, dar medicinas para provocar vómito, diarrea u otros síntomas, aplicar irritantes para simular infecciones o erupciones, infectar deliberadamente material de uso médico y, lo más importante, manipular a la víctima para hacerla creer que está enferma y hacer que realice bien su papel. ¡Y todo como tan parecido, vos, a generar opinión para que la gente salga a votar verraca y pesimista¡
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Y a propósito conviene citar algunas de las estrategias de manipulación política o “armas silenciosas” referenciadas por Noam Chomsky como las mas recurridas actualmente: distraer con un diluvio de insignificancias para desviar la atención de los problemas importantes, crear problemas para que los ciudadanos demanden las soluciones que se tenian previstas, tomar gradualmente medidas difíciles de aceptar y diferir las decisiones en el tiempo para aumentar la resignación, tratar a los ciudadanos como necesitados y autoculpables para mermar su autoestima y su autonomia, instigar con emociones para evitar el análisis racional, mantener una educación mediocre y una cultura insustancial en la que sea virtud la incultura y, por supuesto, usar el conocimiento sobre el comportamiento humano y las tecnologias mas avanzadas para que la sutilidad de la inducción no aparezca como violatoria de la autonomía individual y para que las decisiones sean asumidas como empoderamiento voluntario. Un vademécum en la sombra para políticos en “modo electoral”.
Puede estar ocurriendo que seamos víctimas de una especie de síndrome de Munchhausen por poder. Con un agravante: que las víctimas de este síndrome suelen pensarse verdaderamente enfermas y necesitadas de cuidado. Y mas grave aún, que pueden resultar enfermas de verdad.