El Cuervo blanco

Autor: Lucila González de Chaves
12 enero de 2017 - 12:00 AM

En la lectura de este libro de Fernando Vallejo, uno va separando y destacando:

En la lectura de este libro de Fernando Vallejo, uno va separando y destacando:

-Lo referente al sabio Rufino José Cuervo.

-La erudición del autor.

-Las serias disquisiciones lingüísticas de Vallejo.

-La peculiaridad de su lenguaje.

En lo referente a don Rufino José Cuervo, el autor nos presenta una vida gastada en función de dos aspectos:

-Su monumental obra: Diccionario de Construcción y Régimen.

-Su copiosa correspondencia con amigos, familiares, libreros; etc.

¡Qué paciencia la de Vallejo para rastrear tan innumerables cartas y para ubicar a los destinatarios!

En cuanto al Diccionario, creo que nadie ha podido leerlo y estudiarlo tan detenidamente como Vallejo, al menos las partes que dejó escritas don Rufino.

Con lupa para no dejar escapar nada y con escalpelo para sus disecciones lingüísticas, Vallejo entra en la obra de don Rufino y analiza agudamente muchos conceptos. Dice:

“Es un error creer que la gran obra de Cuervo, el “Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana” sea un diccionario

porque así lo dice el título. No. Es una gramática. (…), una gramática genial, como no ha habido otra, con ocho mil doscientas cincuenta y siete páginas en sus ocho tomos en vez de unos cuantos centenares en uno o dos, y dividida en tres mil monografías de palabras ordenadas alfabéticamente en vez de las dos partes tradicionales de la Morfología y la Sintaxis divididas en capítulos […] en subcapítulos y estos en parágrafos. […].

Tratado de morfología, de sintaxis, de etimología, de fonética, de ortografía y de semántica, el enloquecido “Diccionario” tiene que ver además con la historia del idioma […] Infinidad de citas sacadas de escritores de los nueve siglos y medio de existencia este idioma. […] el enloquecido inventario de las principales palabras y su sintaxis en los nueve siglos transcurridos desde que surgió del latín (…); entre citas de prosistas y poetas hay unas setenta mil […]”.

Además, en este libro, expone con autoridad sobre: historia, geografía, arte, literatura, lingüística, etc.

De sus disquisiciones lingüísticas:

“Busco en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra estudiar, y tropiezo con la abreviatura tr., que significa verbo transitivo. Es el que tiene un complemento directo. Por ejemplo, en la frase ´mi hermano estudia medicina´, ´medicina´ es el complemento directo del verbo ´estudiar´. ´Estudiar´ es efectivamente un verbo transitivo. Pero en la primera acepción de esta palabra, que sigue después de la abreviatura tr., la Academia la define así: “Ejercitar el entendimiento para alcanzar o entender una cosa”. No da ejemplo de esta acepción, pero les doy uno: “Tu hermano es un zángano que ni trabaja ni estudia”. ¿Dónde está en esta frase el complemento directo de `estudia`? En ningún lado […].

Como no tiene complemento directo, ¿entonces es un verbo intransitivo, que son los que no lo tienen? ¿Además de poder ser transitivos o intransitivos los verbos tienen una significación absoluta? (…). Vamos a la segunda acepción: “Cursar en las universidades u otros estudios”. Es tan desastrosa esta definición que le ha de faltar algo por error de imprenta… Como la Academia tampoco da un ejemplo de ella pongamos uno: “Mi hermano estudia en la universidad”. ¿Dónde está el complemento directo? En ningún lado, y por lo tanto, el verbo se está usando en su significación absoluta. […]”

Son interesantes sus “porqués”:

“¿Y por qué ´lindo´ tiene superlativo, `lindísimo`, mientras que ´bonito´ no lo tiene…? ¿Y por qué […] el hijo que pierde a sus padres es huérfano, mientras que los padres que pierden al hijo no son nada (…)? ¿Y por qué ´limosnero´ en España es el que da limosna y en América el que la pide? ¿Y por qué hay tocayo de nombre, pero no tocayo de apellido? (…)”

En su extenso libro (379 páginas) afirma que el idioma es un río loco y borracho que se salió de su cauce…

Su lenguaje es irónico, hasta llegar al sarcasmo, irreverente, tierno cuando se refiere a don Rufino José Cuervo, escatológico, cambiante, burlón, desafiante, osado, cargado de humor negro. Ni aún en su erudición y fluidez lingüísticas renuncia a la ironía ni a la burla.

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